La crisis y el desafio de cambiar: turbulencias…

“Es preciso tener todavía caos dentro de sí para

 poder dar a luz una estrella danzarina.” F. Nietzsche

La vida es una realidad en constante cambio, es decir, una realidad que varía y toma nuevas formas a medida que pasa el tiempo. De ahí que muchas veces hagamos alusión a ella como un ciclo vital, ya que en la palabra “ciclo” queda implícito ese “cambiar”, esa evolución que es en sí misma nuestra existencia.

Hay momentos en la vida en los que disfrutamos de cierta estabilidad, cierta comodidad, tanto en nuestro entorno como con nosotros mismos, mientras que en otros, por la acción de nuevas exigencias o por cambios en las circunstancias, la vida parece tomar un camino mas difícil e inseguro.

Estas etapas son las que nos obligan a adoptar actitudes diferentes, en las que se pone a prueba nuestra capacidad de adaptación frente a los condicionantes de cada estadio vital o frente a situaciones externas que rompen la estructura de nuestras rutinas. Se inicia, entonces, un estado de transición que da paso a una nueva fase o una nueva organización de la vida.

Para realizar este paso a veces solo hace falta tiempo, que permita fluir naturalmente los acontecimientos que nos transforman. Otras veces, este momento de cambio genera una turbulencia emocional y psicológica, que convierte este proceso en un estado de crisis.

  • La crisis como trastorno. 

Una crisis es un “estado temporal de trastorno y desorganización”, que puede generar un resultado positivo o negativo en función de nuestra capacidad de reorganizarnos e integrar lo nuevo.

Una crisis es aquello que aparece en la vida de una persona cuando un determinado suceso crea una alteración en su equilibrio personal, para bien o para mal. Dicho suceso desestabiliza nuestra estructura mental y emocional de tal manera que no podemos instantáneamente adecuarnos a las exigencias que nos impone, y reaccionamos ante este impacto entrando en una crisis. Es, pues, un desafío a nuestros recursos personales ya que al no poder afrontar aquello que nos sobreviene mediante nuestros métodos habituales, entramos en un estado radical para encontrar nuevas respuestas que nos permitan superar dicha situación, evolucionar y recuperar el equilibrio personal.

La crisis supone al mismo tiempo riesgo y oportunidad. ¿Qué caminos toma una crisis, cómo nos afecta y por qué puede mejorar o empeorar nuestro estado actual?

  • La crisis y el cambio.

Una crisis se compone de un conjunto de procesos que hacen irrumpir diferentes emociones: dolor por la pérdida de la situación anterior,  temor frente a lo nuevo o lo desconocido, miedo a no saber reaccionar o a no poder crear nuevas formas de vivir, ilusión también si lo vemos como una posibilidad de avance. Si somos capaces de canalizar dichos sentimientos, de llevar a cabo una transformación y de superar las limitaciones que nos imponen, entonces estaremos llevando a cabo una crisis positiva. Si por el contrario nos estancamos en ese estado de desequilibrio y nos atormentan sentimientos paralizantes, la situación de crisis se perpetúa o desemboca en sensación de fracaso, en depresión o en enfermedad. Una crisis curativa sería aquella que nos enseña a superar una pérdida personal, como podría ser la de un ser querido, llevándonos a continuar con nuestra vida aunque dicha pérdida nos suponga realizar un duelo y afrontar el dolor.

Ante una situación insostenible para nosotros, nuestro cuerpo y mente reaccionan. Frente a ello hay una serie de elementos que nos ayudan a canalizar el malestar y llevar el cambio a buen término, como son el entender cual es nuestra situación actual para poder afrontarla correctamente; el aprender a evaluar, a aceptar nuestras emociones, a encontrar objetivos que nos animen en la nueva situación y tender hacia los mismos.

Una crisis laboral, por ejemplo, tal vez nos lleve a una mejor posición, o una separación de pareja puede que mejore a la larga nuestra situación sentimental, pero para conseguirlo es necesario que miremos más allá de la pérdida hacia la oportunidad de creación y enriquecimiento personal que toda crisis trae consigo.

  • La crisis como creatividad. 

Las crisis tiene tres etapas:

– el desenlace,

– el período de transición,

– la creación de una nueva situación de estabilidad.

Tanta crisis es para una pareja juntarse como separarse, ya que los dos hechos, aunque uno lo veamos como positivo y el otro como negativo, suponen una ruptura, un cambio en las condiciones de vida que exige un aprendizaje, una reorganización, una adaptación, y la creación de un modelo de vida diferente con todos los desafíos que ello supone.

Todo cambio en los pactos o en las modalidades habituales de vida o de convivencia, llámese nacimiento de los hijos o menopausia, traslado de puesto de trabajo, pérdida de un ser querido, ganar la lotería o un atentado terrorista; nos enfrenta a una ruptura de nuestros esquemas que nos produce inseguridad, desorientación y malestar cuando se trata de hechos amenazantes, y también ilusión y esperanza cuando son sucesos positivos.

Pero en todos los casos, incluso los positivos, la inseguridad es el telón de fondo del cambio. Aceptarla como compañera de este viaje, sabiendo que toda evolución solo puede nacer de una crisis, nos da la posibilidad de vivirla  como un acto de creación y no de destrucción. Ya que, como dijo Nietzsche: Lo que no me mata, me fortalece.

“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.”

Albert Einstein

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